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Deslenguado

Fuego brillante

Fahrenheit 451, Un mundo feliz y 1984 son tres obras que en la misma década profetizaron, ciencia ficción entonces, hoy triste realidad, el mundo globalizado, tecnideificado y aculturizado en el que vivimos.
1984 es la historia de Winston, miembro del partido en 1984, época en la que cada movimiento y cada pensamiento reflejado en el rostro de los ciudadanos es grabado por la telepantalla, pues el Gran Hermano todo lo ve. George Orwell describe el ambiente opresivo en guerra continua, control del pensamiento y fraude de los medios de comunicación en el que vivimos desde la guerra fría de Occidente, abrasadora en el resto del planeta, hasta la caída de las Torres Gemelas.
En Un mundo feliz Aldous Huxley ironiza sobre la sociedad del bienestar, el hedonismo sin instintos ni pasiones y el consumo como sentido vital y social. En este Brave new world la investigación genética y la educación conductista se aplican a los seres humanos clonados y programados desde su fecundación in vitro hasta el decantamiento para que sean siempre felices con el papel que les ha destinado el Estado protector.
Fahrenheit 451 es la novela de Ray Bradbury, más conocido como autor de Crónicas marcianas. Fahrenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel. Su protagonista es Montag, bombero cuyo trabajo consiste en perseguir y quemar todos los libros prohibidos, por aquel entonces absolutamente todos. El placer de la conducción de coche veloces, la contemplación permanente e interactiva de pantallas que sustituyen lazos familiares y amistosos, la obsesión por el bienestar material suplen los beneficios espirituales de la lectura de los libros, siempre en pos de una sociedad bien avenida y sin discrepancias.


Con esta trilogía nos hemos formado ideológicamente más de uno de mi generación. Irónicamente, el sistema se ha encargado de banalizarlos con series de televisión (quién no recuerda a los epsilones pidiendo soma), basuras como el Gran Hermano y con la imposición del consumo de las TIC cuando las bibliotecas públicas y educativas mueren de pobreza. Hoy las utilizo no para "comerles el coco" (¡Dios me libre!) a mis alumnos, sino como herramienta para su propio análisis de los medios de comunicación. En esta optativa de primero de bachillerato hemos leído en la primera evaluación 1984. Mis alumnas, pues tales son, han disfrutado realmente tanto con la historia de amor como con la lucha por la individualidad y la libertad del protagonista. No es el primer curso en el que pongo esta novela y siempre los resultados han sido positivos, sobre todo en lo más importante, el placer de leer una novela que ni es breve ni es fácil. En la segunda evaluación he propuesto la lectura de Fahrenheit 451. Hoy leemos el prólogo de 1993, que he tenido que descargar de internet pues no aparece en la edición impresa que se comercializa. En éste nos cuenta Bradbury el proceso de creación de la novela tras cinco cuentos anteriores. El momento más hermoso de este prólogo "Fuego brillante": "Solo resta mencionar una predicción que mi bombero jefe hizo en 1953, en medio de mi libro. Se refería a la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuegos. Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe. Si el baloncesto y el fútbol inundan el mundo a través de la MTV, no se necesitan Beattys que prendan fuego al kerosene o persigan al lector. Si la enseñanza primaria desaparece o se disuelve a través de las grietas y de la ventilación de la clase, ¿quién después de un tiempo lo sabrá o le importará?"

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